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La Nostalgia
Cada vez que ingresamos a la red del internet y buscamos lugares donde se
reunen los peruanos, podemos apreciar a través de lo que leemos, la
nostalgia que emana de la prosa que redacta casi la mayoría de
compatriotas. Podríamos decir que igualmente, hay momentos en que la
realidad se nos escapa entre aquellos momentos casi imperceptibles del
espacio-tiempo y parecemos ingresar en un tunel del tiempo para
transportarnos a lejanas épocas en el estado cronológico, pero tan
cercanas en el sentir, aun cuando esa percepción parezca ser sólo una
extraña sensación, difícil de explicar.
Posiblemente no tengamos un recuerdo exacto de cuándo aprendimos a caminar.
Nuestros padres dicen que las primeras palabras que balbuceamos fueron
mamá, teta, luego papá y todas las que prosiguieron, fueron bastante
claras y audibles; inclusive servíamos de intérprete cuando nuestro
hermano Manuel, balbuceaba algunas raras expresiones, que sólo nosotros
podíamos entender.
Recuerdos como éstos, probablemente tenga todo ser viviente e igualmente
será grato para cada cual sintonizar el espíritu en esa frecuencia, a la
que podemos acceder sólo con el recuerdo; un brillante sistema creado en
esa maquinaria tan fabulosa como es el cerebro. ¿Cómo hizo o hicieron, él
o los Creadores para llegar a tan magna perfección? Parecería tan simple
ahora que inclusive el hombre pretende realizar la “Clonación” de sí
mismo. Ojalá tanta arrogancia no nos muestre una verdad tan fuerte, que
nos sea difícil asimilar.
Nacimos en los Barrios Altos, un pueblo que antaño fue núcleo del
criollismo limeño, de donde fueron emergiendo muchos de los autores y
compositores que han dado fama a nuestra música criolla. Empero, no
pretendemos decir que somos parte de ellos, ni siquiera compararnos con
ellos, aun cuando en el camino hayamos en algún momento entonado más de
una melodía y escrito otra. Muchas veces hasta nos parece encontrar en la
letra de cada canción, similitud con nuestras vivencias.
“Ayer tarde me he mirado en el espejo, pues sentía por mi faz curiosidad...”.
¿Quién no interpreta esta estrofa, este pensamiento, expresión o como
quiera cada quien llamarle; como una inquietud en determinado momento. Aun
cuando la rutina diaria de nuestro aseo, nos haga ver el reflejo de
nuestro rostro a diario; no es con esa frecuencia que nos miramos para
analizar en cada una de nuestras líneas del rostro, la forma en que la
vida nos ha tratado. Y tampoco, necesariamente ese espejo nos brindará una
“...dolorosa realidad”. Pero inexorablemente, el tiempo sigue su curso. Y
la lejanía, será una permanente compañía en nuestro transitar, durante el
cual seguramente recordaremos o mejor dicho, contestaremos nuestra tácita
pregunta con la letra de otro vals: “Las locas ilusiones me sacaron de mi
pueblo, abandoné mi casa para ver la capital”.
Aprendimos a caminar entre Lima y Chiclayo, tierra de nuestros padres.
Viajaba cada inicio de año. Había que conocer la “Santa Tierra”, como é la
llamaba. Recorrer muchos pueblos que en el itinerario de su vida le habían
servido de hogar, de refugio, de enseñanza durante sus primeros años antes
de llegar a la primera capital de sus sueños: Lima.
Muy niños fuimos a vivir a Jesús María, luego Pueblo Libre y más tarde
nuevamente Jesús María. Nuestra infancia en Pueblo Libre fue en un barrio
no muy tranquilo que digamos; por lo cual tuvimos que aprender a
sobrevivir entre no muy gratas vecindades. Aprendimos a fumar lejos del
olfato de nuestro padre, pues era algo que él odiaba. Lo hacíamos
escondido en una esquina del barrio; donde también hicimos nuestros
primeros brindis sociales. Más tarde, bares llenos de aserrín o acaso un
elegante Club Social; fueron algunas veces escenario de otros tantos Salud!
Aquella querida Lima, soportó durante la década del 50 al 60, múltiples
problemas socio económicos, lo que motivó a Sebastián Salazar Bondy para
escribir el libro "Lima la Horrible". Y si su libro tiene mucho de real,
en el aspecto de lo que hizo el sistema y su gente durante aquellos días,
hoy habría que ver qué diría en un nuevo libro. Total, la horripilancia
para algunos es la vivencia para otros. Y la historia puede ser general en
algunos aspectos, pero también tan particular en la mayoría de los casos.
Los lugares que conocimos en nuestro crecer a los cuales aprendimos a
querer y hoy añorar, siguen allí mismo. Pocos han desaparecido como el
“Paraiso de los suicidas”; pero La Alameda o acaso el Puente de los
Suspiros, siguen en su mismo sitio. Con más años y más historias
almacenadas entre sus “...follajes y añoranzas”, como diría Chabuca Granda.
En fin. No deseamos poner melancólico a nadie. Creemos que los recuerdos
son como los cimientos de nuestra existencia. Con los buenos, recordamos
gratas vivencias y con los otros, adquirimos la experiencia que hace más
sabio al diablo; por lo añejo.
Al final nos queda la grata alternativa de volver una y otra vez,
especialmente a quienes por una u otra circunstancia nos hemos auto
exilado, alejándonos del querido terruño y en ese retorno, podremos
entonar la bella letra de otra nostálgica pieza criolla: “Todos vuelven a
la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su Sol, todos
vuelven al rincón donde vivieron, donde acaso floreció más de un amor...”
©
Luis A. Ramírez
Editor
Enero 1, 2003 |