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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

"Perú Negro"

 

 

El pasado 5 de marzo, me tocó ir a ver a “Perú Negro” en el Lincoln Center, Manhattan. Fue un derroche de energía y adrenalina en cada una de sus escenografías, lo que animaba al público a cantar y aplaudir esta muestra de un arte milenario, que llegó al Perú, con los negros esclavos de los españoles. De allí, en una simbiosis especial, en la que concurrieron nuevos elementos por el cambio geográfico, lograron cimentar una cultura que ha mantenido ya por siglos todo un bagaje musical y cultural que se ha ido legando de padres a hijos y hoy se pasea internacionalmente, para el deleite y orgullo nuestro, más aun al estar en un país distante y diferente al nuestro.


Tuve oportunidad de ver a Ronaldo Campos de la Colina, el fundador de “Perú Negro”, en los primeros años de la década del 70. Trabajaba en el Restaurante “El Chalán”, donde mi padre era el Maestro de Ceremonias.


Marineras, landós, festejos. Cinturas cimbreantes al ritmo de quijadas, tarolas, tambores, guitarras y sobre todo cajones. Melodías de ritmo alegre y motivador a cuyo compás se reanimaba nuestro espíritu, nos entregaron en esa noche de recuerdos.


Antiguamente se consideraba a estos ritmos negroides como satánicos, por su desenfreno en el climax de la melodía. Otros los catalogaban como demasiado sensuales y atrevidos; aun así, lograron cruzar esas barreras para llegar hasta nuestros días y ser admirados por otras culturas como en este caso la norteamericana, cuyos integrantes coreaban al igual que los peruanos asistentes, parte de las canciones interpretadas.


Nos hizo recordar las anécdotas escritas sobre “Taita Cabrito”, personaje que vivió allá por los 1900s en el criollísimo barrio bajopontino del Rímac. Dicen que era Sacristán de la Iglesia de Copacabana; que además era buen jaranista, gran cateador de pisco y calificado bailador a la hora de ejecutar cualquier ritmo negroide: agua e'nieve, congorito o zamacueca. Igualmente, interpretaciones del “Clan de los Vásquez”, Braulio Sancho Dávila, los hermanos Augusto, Elías Ascues y el ritmo del "cajón" de Eusebio Sirio, el popular “Pititi".


Ricardo Miranda Tarrillo, nos dice que los primeros ritmos que llegaron al nuevo continente, fueron el cascabelito, “Maicito”, el negrito, la zanguaraña, don Mateo, el alcatraz, la saña y la zamacueca. Esta última se convertiría en “Chilena” y luego en la “Marinera”, nombre aportado por el escritor costumbrista Abelardo Gamarra “El Tunante”, autor de famosas obras como La Oruga”, “Canto a Luis Pardo”, “Radiante Espiritual”, entre otros. Además fue coautor, junto con José Alvarado: “Alvaradito”; de la primera marinera llevada al pentagrama musical, "La Decana", que luego cambiaría su nombre por el de “Concheperla”.

Según Nicomedes Santa Cruz, La danza original de la cual descienden la zamacueca y el tondero, es el “lundú”, de Angola. El nombre de este ritmo se castellanizó por el hablar popular y devino en “lundero”, que luego se transformó en “tondero”, baile que se cimentó en la zona norte del Perú, específicamente en Santiago de Miraflores de Saña, allá por el siglo XVII. En Lima, el “lundero” se convirtió en “zamacueca” y cada uno de estos ritmos desarrolló su propia mística y original interpretación aun cuando el ritmo es muy similar.

Herederos de gran parte de estos ritmos, es el grupo “Perú Negro” y una de su excelentes escenografías es la del “Son de los Diablos”, donde cada bailarín lleva disfraz y máscara de “diablo”, acompañados en el fondo musical, por instrumentos de percusión típicos peruano-negroides como la “quijada”, “la cajita” y el cajón. Este ritmo desciende del “panalivio”, una especie de canción lamento que era interpretada antiguamente por los esclavos africanos mientras realizaban sus labores en el campo.

Ronaldo Campos, trabajaba en el Restaurante “El Chalán” en un grupo formado conjuntamente con Lalo Izquierdo, Víctor Padilla y Rodolfo Arteaga; este último era hijo de la Valentina. Ellos, serían parte principal de “Perú Negro”. Ronaldo, anteriormente había sido integrante del grupo “Cumanana”, fundado por Nicomedes Santa Cruz y fue un eximio intérprete del “cajón”, creando nuevas técnicas y variantes sobre cómo sacarle mejor provecho al sonido emitido por tan novedoso instrumento de percusión, con veloces repiques, síncopas y tresillos. Precisamente, otra de las escenografías musicales que nos entregó "Perú Negro", fue  lo que podríamos llamar un “Solo de Cajón”, con 7 brillantes jóvenes intérpretes, que hicieron “dialogar” sus cajones, unos con otros, en una grata secuencia rítmica.

 

“Perú Negro”, le rindió homenaje a su fundador, en su escenografía interpretativa de la zamacueca: la Canción de Ronaldo, como tributo al gran legado que dejó con su brillante trayectoria.


Luego de su deceso en el 2001, su hijo Rony tomó la batuta y siguiendo los pasos de su padre, pasea orgulloso este energético ritmo negroide peruano alrededor del mundo.

 


 

© Luis A. Ramírez S.

Marzo 7, 2005