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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

 

Sistemas vehiculares

 

 

Hace varios años que no voy al Perú, por una u otra razón, aun cuando no precisamente es debido al tema que se me ha ocurrido tratar esta vez; que se refiere al sistema vehicular y la forma de manejar de los choferes en la parte oeste de los Estados Unidos, algo que sólo podría comparar al del Perú, donde viví poco más de la mitad de los años que ya llevo a cuestas. No son muchos, así que todavía los puedo manejar sin problemas.


Vivo en una zona casi rural en el estado de New York. Digo casi, porque aun quedan algunas chacras donde luego del normal crudo invierno, podemos ver los tractores arando la tierra para la nueva siembra; algo que brinda un simpático espectáculo campestre a la zona. Por aquí, hay muchos cruces vehiculares, entre los cuales no hace falta un semáforo, sino simplemente una señal de PARE, escrita con letras blancas sobre un fondo rojo, ante los que, por regla general la cortesía prevalece.


Recuerdo los colectivos de Lima, sobre todo aquellos que recorrían la Avenida Arequipa y también los de Pueblo Libre, que transitaban por la Avenida Bolívar. Muchas veces cuando tenía el auto descompuesto, me era necesario utilizar sus servicios. Pero, según las anécdotas que traen amigos y familiares luego de sus viajes al añorado terruño, esos antiguos colectiveros, eran apenas unos intrépidos antecesores de los modernos choferes de “Combis” o “Ticos” endemoniados; para quienes, hoy en día, los semáforos parecen estar puestos sólo de adorno, como para que las luces den un aire de luminosidad tricolor a las calles, pues lo que ellas representan, no parece merecer respeto alguno de estos señores del volante.


Con lo que ha crecido la población en el Perú, en las casi dos décadas que no lo visito, el parque automotor, me dicen que aparte de obsoleto, es inadecuado e insuficiente. Que los microbuses, donde hace 20 años ya uno viajaba como sardina, esta vez, se viaja casi colgado de puertas y ventanas. Y si se le ocurrre al pasajero ingresar “al fondo”, donde según el conductor, siempre “hay sitio”, no le quedará otra alternativa que perder su lugar de destino o tal vez, tirarse por la ventana; ya que aparte de no existir un itinerario detallado, el chofer, para donde le da la gana o donde su acelerada carrera, le permite detener el vehículo.


Entiendo que muchos ya estarán empezando a pensar que estoy dimensionando las cosas. Tal vez. Empero, no dista mucho de la realidad. Aquí para tomar un taxi, hay que hacer cola, esperar su turno. Se paga según una tarifa que controla un taxímetro electrónico, que no está “fixeado” como dicen algunos que no tratan nuestro idioma tal como nos lo enseñó Cervantes. Pero allá, toma el taxi, no siempre quien abre la puerta primero, sino el que logra saltar al asiento antes que los demás o sea “el más fuerte” y si se trata de un microbus, el que más empuja.


No puedo dejar pasar por alto el hecho de que en el Perú, como seguramente, por la inestabilidd económica, suceda también en muchos otros paises de Sudamérica, tenemos los taxistas más cultos, ya que muchos son profesionales con carreras interesantes como Medicina, Abogacía, Ingeniería, etc. Algo parecido también he visto aquí en New York, aun cuando por diferencia de mentalidad, no por falta de trabajo; donde conocí dos Corredores de Bolsa, que laboraban en Wall Street. Uno de ellos, prefirió cambiar su rubro al de Barman en un exclusivo local de Manhattan, ganando mucho más y sin mayores dolores de cabeza, que los tenidos en el sube y baja del mercado de valores. El otro, trabajó en un negocio de Pizería al que alguna vez osamos ingresar con mi familia. Ganaba muy buenas propinas en el reparto.


Volviendo al tema, en la ciudad que hoy resido, no dejan de existir algunos intrépidos que quieran hacer “el cruce de la muerte”, pero son muy contados. Las leyes son más estrictas y el infractor es castigado debidamente.


Ahora, manejar en Manhattan es diferente, sobre todo por los taxistas. Ellos son una especie de “combis” gringos, no por su forma, ni tamaño, ni diseño, ni capacidad, sino por la temeridad de los choferes que por lo general son del medio oriente. Algo así como “talibanes” del volante.


Viajar en los trenes, es algo diferente. Se disfruta una especie de paisaje multicultural de raza y vestimentas, por lo cosmopolita de esta grata ciudad; donde aquellos que tienen el tiempo libre pueden viajar todo el día con un solo “token”, aunque no puedan salir de las estaciones donde hagan sus conecciones, pues el hacerlo, les irrogaría el gasto de otro pasaje.


Más confortables, son los viajes entre condados, una especie de trayectos interdistritales, manteniendo la distancia de acuerdo a la dimensión de cada ciudad y su geografía urbana. Manhattan inclusive tiene un sistema de transporte que más que nada, es turístico; como por ejemplo los omnibuses de dos pisos tipo londinense que circulan por los lugares más interesantes de “La Gran Manzana”, o las carretas jaladas por briosos y fornidos caballos, que circulan por todo el “Central Park” y sus alrededores..


Por último, no sé si sería interesante implantar en “New York City”, esa modalidad, iniciada no sé dónde, pero que también se da en el Perú del “moto-taxi”; una "creación tecnológica" de los años noventa, del que a la fecha, hay más de 500,000 registrados en nuestro país.

 

Tal vez sería pintoresco, aunque no aparente, pues los “gringos”, quienes seguramente ya habrán hecho un estudio al respecto, no han decidido su uso.

 

 

 

© Luis A. Ramírez S.

     
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