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Sistemas vehiculares
Hace varios años que no voy al Perú, por una u otra razón, aun cuando no
precisamente es debido al tema que se me ha ocurrido tratar esta vez; que
se refiere al sistema vehicular y la forma de manejar de los
choferes en la parte oeste de los Estados Unidos, algo que sólo podría
comparar al del Perú, donde viví poco más de la mitad de los años que ya
llevo a cuestas. No son muchos, así que todavía los puedo manejar sin
problemas.
Vivo en una zona casi rural en el estado de New York. Digo casi, porque
aun quedan algunas chacras donde luego del normal crudo invierno, podemos
ver los tractores arando la tierra para la nueva siembra; algo que brinda
un simpático espectáculo campestre a la zona. Por aquí, hay muchos cruces
vehiculares, entre los cuales no hace falta un semáforo, sino simplemente
una señal de PARE, escrita con letras blancas sobre un fondo rojo, ante
los que, por regla general la cortesía prevalece.
Recuerdo los colectivos de Lima, sobre todo aquellos que recorrían la
Avenida Arequipa y también los de Pueblo Libre, que transitaban por la
Avenida Bolívar. Muchas veces cuando tenía el auto descompuesto, me era
necesario utilizar sus servicios. Pero, según las anécdotas que traen
amigos y familiares luego de sus viajes al añorado terruño, esos antiguos
colectiveros, eran apenas unos intrépidos antecesores de los modernos
choferes de “Combis” o “Ticos” endemoniados; para quienes, hoy en día, los
semáforos parecen estar puestos sólo de adorno, como para que las luces
den un aire de luminosidad tricolor a las calles, pues lo que ellas
representan, no parece merecer respeto alguno de estos señores del volante.
Con lo que ha crecido la población en el Perú, en las casi dos décadas que
no lo visito, el parque automotor, me dicen que aparte de obsoleto, es
inadecuado e insuficiente. Que los microbuses, donde hace 20 años ya uno
viajaba como sardina, esta vez, se viaja casi colgado de puertas y
ventanas. Y si se le ocurrre al pasajero ingresar “al fondo”, donde según
el conductor, siempre “hay sitio”, no le quedará otra alternativa que
perder su lugar de destino o tal vez, tirarse por la ventana; ya que
aparte de no existir un itinerario detallado, el chofer, para donde le da
la gana o donde su acelerada carrera, le permite detener el vehículo.
Entiendo que muchos ya estarán empezando a pensar que estoy dimensionando
las cosas. Tal vez. Empero, no dista mucho de la realidad. Aquí para tomar
un taxi, hay que hacer cola, esperar su turno. Se paga según una tarifa
que controla un taxímetro electrónico, que no está “fixeado” como dicen
algunos que no tratan nuestro idioma tal como nos lo enseñó Cervantes.
Pero allá, toma el taxi, no siempre quien abre la puerta primero, sino el
que logra saltar al asiento antes que los demás o sea “el más fuerte” y si
se trata de un microbus, el que más empuja.
No puedo dejar pasar por alto el hecho de que en el Perú, como seguramente,
por la inestabilidd económica, suceda también en muchos otros paises de
Sudamérica, tenemos los taxistas más cultos, ya que muchos son
profesionales con carreras interesantes como Medicina, Abogacía,
Ingeniería, etc. Algo parecido también he visto aquí en New York, aun
cuando por diferencia de mentalidad, no por falta de trabajo; donde conocí
dos Corredores de Bolsa, que laboraban en Wall Street. Uno de ellos,
prefirió cambiar su rubro al de Barman en un exclusivo local de Manhattan,
ganando mucho más y sin mayores dolores de cabeza, que los tenidos en el
sube y baja del mercado de valores. El otro, trabajó en un negocio de
Pizería al que alguna vez osamos ingresar con mi familia. Ganaba muy
buenas propinas en el reparto.
Volviendo al tema, en la ciudad que hoy resido, no dejan de existir
algunos intrépidos que quieran hacer “el cruce de la muerte”, pero son muy
contados. Las leyes son más estrictas y el infractor es castigado
debidamente.
Ahora, manejar en Manhattan es diferente, sobre todo por los taxistas.
Ellos son una especie de “combis” gringos, no por su forma, ni tamaño, ni
diseño, ni capacidad, sino por la temeridad de los choferes que por lo
general son del medio oriente. Algo así como “talibanes” del volante.
Viajar en los trenes, es algo diferente. Se disfruta una especie de
paisaje multicultural de raza y vestimentas, por lo cosmopolita de esta
grata ciudad; donde aquellos que tienen el tiempo libre pueden viajar todo
el día con un solo “token”, aunque no puedan salir de las estaciones donde
hagan sus conecciones, pues el hacerlo, les irrogaría el gasto de otro
pasaje.
Más confortables, son los viajes entre condados, una especie de trayectos
interdistritales, manteniendo la distancia de acuerdo a la dimensión de
cada ciudad y su geografía urbana. Manhattan inclusive tiene un sistema de
transporte que más que nada, es turístico; como por ejemplo los omnibuses
de dos pisos tipo londinense que circulan por los lugares más interesantes
de “La Gran Manzana”, o las carretas jaladas por briosos y fornidos
caballos, que circulan por todo el “Central Park” y sus alrededores..
Por último, no sé si sería interesante implantar en “New York City”, esa
modalidad, iniciada no sé dónde, pero que también se da en el Perú del “moto-taxi”;
una "creación tecnológica" de los años noventa, del que a la fecha,
hay más de 500,000
registrados en nuestro país.
Tal vez sería pintoresco, aunque no aparente, pues los “gringos”, quienes
seguramente ya habrán hecho un estudio al respecto, no han decidido su
uso.
© Luis A. Ramírez S. |