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FESTIVIDADES RELIGIOSAS

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

 
     

Xilografía - Camilo Blas.

 

El Señor de los Milagros

 

En Lima colonial, se vivía entre dos extremos: opulencia y religiosidad, de acuerdo a lo descito por los cronistas de la época, quienes además la consideraban como mundana y suntuosa.

     

Sufría también con la constante incursión de piratas y peor aun con uno de los peores embates de la naturaleza: los terremotos. Eran éstos, los que ocasionaban más pavor a la población y que muchos religiosos atribuían como un castigo divino por esa forma de vida. Dicen estos cronistas que el padre jesuita Francisco del Castillo, salía inmediatamente después  de  cada  unode los movimientos telúricos a la Plaza Mayor y extendiendo los brazos, con voz a todo pulmón expresaba: "Lima, Lima, tus pecados son tu ruina"; invocando a la población al arrepentimiento. De tal forma, los limeños fueron poco a poco, volviendo su pensamiento hacia el Creador y con el tiempo, esa devoción, se fue convirtiendo en una de las manifestaciones católicas más importantes no sólo en el Perú, sino en muchos lugares del mundo, como Argentina, Chile, Ecuador, México y Panamá; donde hoy se venera la imagen del Señor de los Milagros.

 

Cuenta la historia, que antiguamente los negros esclavos africanos, se agrupaban en cofradías que generalmente tomaban el nombre de un Santo. En estas organizaciones piadosas, se brindaban ayuda mutua. También aprendían y practicaban preceptos católicos impartidos por los curas.

 

Angolas, Congos, Mozambiques, Terranovos, Mandigos y Caravelíes, se reunían para celebrar sus festividades, manteniendo el folclore ancestral heredado de sus antepasados en el lejano continente africano.

 

Una de estas agrupaciones, integrada por Congoleños, se formó en el Barrio de Pachacamilla, lugar que anteriormente, había sido habitado por indios trasladados de Pachacamac. Y fue precisamente uno de ellos, quien entre 1650 y 1651, pintó la imagen de Cristo Crucificado, en una rústico muro del solar donde se reunían. Esa tosca pared, colindaba con un canal-acequia, cuya humedad iba malogrando sus cimientos, lo que parecía destinarla a su irremediable destrucción.

 

El 13 de noviembre de 1655, un fuerte sismo, causó grandes daños en Lima y el Callao, pero no tuvo el menor impacto en el muro que contenía la imagen divina; lo cual llamó la atención de los esclavos y de todo aquel que visitaba los alrededores. Empero, los indigentes negros esclavos, tuvieron que abandonar el lugar, pues el cobertizo donde se reunían, había quedado destruido. Pasaron luego algunos años en los que nadie se preocupó en lo más mínimo por aquel muro. Muchos otros movimientos sísmicos de mayor o  menor intensidad se produjeon, igualmente sin causar daño alguno a la imagen; pero hacia 1670, apareció un personaje llamado Antonio de León, quien dijo haber sido curado de un tumor maligno al haberse encomendado a la figura de Cristo en Cruz. Este, tomó a su cargo el cuidado del lugar y con el tiempo volvió a incrementarse la devoción. Lamentablemente las muchas veces incomprendida algarabía de los negors, era visto por algunos como un atentado contra las buenas costumbres, lo que motivó que el Conde de Lemos, apoyara una decisión del Provisor del Arzobispado, Esteban de Ibarra, para borrar la imagen y demoler el muro que la contenía.

 

Entre el 6 y 12 de septiembre, cuando debió ejecutarse dicha orden, la persona nombrada para ello, sufrió un repentino desmayo. Un segundo oficial nombrado en sustitución, sufrió un temblor inusitado en todo su cuerpo y el tercero dijo no poder hacerlo pues la figura de Cristo se transfiguraba ante sus ojos y los colores de la efigie, cambiaban vívidamente. Se dice que a la par de estas manifestaciones, el cielo parecía nublarse y empezaba a llover.

 

Informado el Conde de Lemos de estos extraños sucesos, revocó la orden de destrucción de la imagen y mandó arreglar la ramada que la cubría, para darle mejor protección; luego se presentó al lugar y el 14 de septiembre, se realizó la primera misa ante dicha imagen.

 

Un nuevo terremoto, sacudió Lima el 20 de octubre de 1687; causando la muerte de más de 600 personas en Lima y 500 en el Callao; sin dañar mayormente el muro con la imagen del Cristo Crucificado. Esto motivó que Sebastián de Antuñano, hiciera pintar una copia de la imagen y la paseara por las calles de Lima. Este vizcaíno, había ya adquirido en propiedad los terrenos del antiguo cobertizo e iniciado la construcción de una capilla. Se fijó entonces el 20 de octubre, como día de la procesión.

 

Casi simultáneamente, Antonia Maldonado, una guayaquileña formaba un grupo de adoración al Señor de los Milagros, primero en el Callao y después en el barrio de Monserrat, de donde tomó el nombre de Nazarenas. Antuñano les ofreció su solar de Pachacamilla para que la congregación de quien más tarde sería conocida como sor Antonia Lucía del Espíritu Santo, ubicase su institución al lado de la Capilla que él había mandado construir al Cristo de los Milagros.

 

El virrey Amat, puso celo especial en la construcción del templo de las Nazarenas, que fue inaugurado en 1771. En 1776, se formó la primera cofradía o hermandad, la que luego cambió sus reglamentos y el nombre a Cargadores del Señor de los Milagros, distrubuidos en cuadrillas, al mando de capataces, martilleros y jefes de cuadrilla. Esta entidad cuenta hoy con varios miles de miembros.

 

Muchos poetas y escritores se han inspirado en la efigie del Señor de los Milagros. De entre entre ellos, extraemos dos párrafos de lo escrito por José Carlos Mariátegui: "Las manifestaciones de la fe de una multitud, son imponentes. Dominan, impresionan, seducen, oprimen, enamoran, enternecen. La contemplación de una muchedumbre que invoca a Dios, conmueve siempre con irresistible fuerza y honda ternura. El paso de la procesión del Señor de los Milagros por las calles de Lima, produce una emoción muy profunda en la ciudad, que se encuentra sorpresívamente invadida por un sentimiento, sedante y religioso."

 

"Yo he sentido y he visto así la procesión. Yo he comprendido así lo que significa y lo que representa en la vida de la ciudad. Yo he amado así el instante en que el espectáculo magnífico de un recogimiento tumultoso y sonoro ha cohibido y enternecido de pronto mi corazón." (LARS).

 

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Paso a nuestro Amo y Señor (*)

 

 

Paso a Nuestro Amo y Señor

andas, lienzo y candelabros.

Paso a Nuestro Salvador

el Señor de los Milagros.

 

 

La calle es un río humano

por cuyo cauce, la gente

muy acompasadamente

camina desde temprano.

"Avancen, avancen hermanos,

no estorben al cargador..."

grita el Capataz Mayor

que las cuadrillas comanda.

"Paso, que vienen las andas,

paso a Nuestro Amo y Señor..."

 

Por las calles se desborda

aquel torrente morado;

gimen los pies maltratados,

la Fe permanece sorda.

La multitud que lo aborda

da marco al rey de los cuadros:

Caídas y descalabros

en aquella mar mulata,

y cual velero de plata

andas, lienzo y candelabros.

 

Una señora morena

le ofrece todos sus hijos;

una ciega de ojos fijos

pídele Luz Nazarena;

azota una Magdalena

su vil cuerpo pecador.

Al paso del Redentor

doblan tristes las campanas

"Avancen, avancen hermanas,

paso a Nuestro Salvador..."

 

Sobre el lienzo de Jesús

la tarde pinta una sombra.

Sobre las frentes se nombra

señal de la Santa Cruz...

Bajo un cirio -santa luz-

A Tí, Señor, me consagro,

y de tus perfiles magros

venga a nos tu Redención

que nunca negó perdón

el Señor de los Milagros.

     
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(*) NICOMEDES SANTA CRUZ

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