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Quién hace tanta bulla y ni deja Testar las islas que van quedando. Un poco más de consideración en cuanto será tarde, temprano, y se aquilatará mejor el guano, la simple calabrina tesórea que brinda sin querer, en el insular corazón, salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada. Un poco más de consideración, y el mantillo líquido, seis de la tarde DE LOS MAS SOBERBIOS BEMOLES. Y la península párase por la espalda, abozaleada, impertérrita en la línea mortal del equilibrio.
Tiempo Tiempo. Mediodía estancado entre relentes. Bomba aburrida del cuartel achica tiempo tiempo tiempo tiempo. Era Era. Gallos cancionan escarbando en vano. Boca del claro día que conjuga era era era era. Mañana Mañana. El reposo caliente aún de ser. Piensa el presente guárdame para mañana mañana mañana mañana Nombre Nombre. ¿Qué se llama cuanto heriza nos? Se llama Lomismo que padece nombre nombre nombre nombre.
Las personas mayores ¿a qué hora volverán? Da las seis el ciego Santiago, y ya está muy oscuro. Madre dijo que no demoraría. Aguedita, Nativa, Miguel, cuidado con ir por ahí, por donde acaban de pasar gangueando sus memorias dobladoras penas, hacia el silencioso corral, y por donde las gallinas que se están acostando todavía, se han espantado tanto. Mejor estemos aquí no más. Madre dijo que no demoraría. Ya no tengamos pena. Vamos viendo los barcos ¡el mío es más bonito de todos! con los cuales jugamos todo el santo día, sin pelearnos, como debe de ser: han quedado en el pozo de agua, listos, fletados de dulces para mañana. Aguardemos así, obedientes y sin más remedio, la vuelta, el desagravio de los mayores siempre delanteros dejándonos en casa a los pequeños, como si también nosotros no pudiésemos partir. Aguedita, Nativa, Miguel? Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a haber dejado solo, y el único recluso sea yo.
Rechinan dos carretas contra los martillos hasta los lagrimales trifurcas,cuandonunca las hicimos nada.A aquella otra sí, desamada, amargurada bajo túnel campero por lo uno, y sobre duras ájidas pruebas espiritivas. Tendime en són de tercera parte, mas la tarde -qué la bamos a hhazer se anilla en mi cabeza, furiosamente a no querer dosificarse en madre. Son los anillos. Son los nupciales trópicos ya tascados. El alejarse, mejor que todo, rompe a Crisol. Aquel no haber descolorado por nada. Lado al lado al destino y llora y llora. Toda la canción cuadrada en tres silencios. Calor. Ovario. Casi transparencia. Háse llorado todo. Háse entero velado en plena izquierda.
Grupo dicotiledón. Oberturandesde él petreles, propensiones de trinidad, finales que comienzan, ohs de ayescreyérase avaloriados de heterogeneidad. ¡Grupo de los dos cotiledones! A ver. Aquello sea sin ser más. A ver. No trascienda hacia afuera, y piense en són de no ser escuchado, y crome y no sea visto. Y no glise en el gran colapso. La creada voz rebélase y no quiere ser malla, ni amor. Los novios sean novios en eternidad. Pues no deis 1, que resonará al infinito. Y no deis 0, que callará tánto, hasta despertar y poner de pie al 1. Ah grupo bicardiaco.
El traje que vestí mañana no lo ha lavado mi lavandera: lo lavaba en sus venas otilinas, en el chorro de su corazón, y hoy no he de preguntarme si yo dejaba el traje turbio de injusticia. A hora que no hay quien vaya a las aguas, en mis falsillas encañona el lienzo para emplumar, y todas las cosas del velador de tánto qué será de mí, todas no están mías a mi lado. Quedaron de su propiedad, fratesadas, selladas con su trigueña bondad. Y si supiera si ha de volver; y si supiera qué mañana entrará a entregarme las ropas lavadas, mi aquella lavandera del alma. Que mañana entrará satisfecha, capulí de obrería, dichosa de probar que sí sabe, que sí puede ¡CÓMO NO VA A PODER! azular y planchar todos los caos.
Rumbé sin novedad por la veteada calleque yo me sé. Todo sin novedad, de veras. Y fondeé hacia cosas así, y fui pasado. Doblé la calle por la que raras veces se pasa con bien, salida heroica por la herida de aquella esquina viva, nada a medias. Son los grandores, el grito aquel, la claridad de careo, la barreta sumersa en su función de ¡ya! Cuando la calle está ojerosa de puertas, y pregona desde descalzos atriles trasmañanar las salvas en los dobles. Ahora hormigas minuteras se adentran dulzoradas, dormitadas, apenas dispuestas, y se baldan, quemadas pólvoras, altos de a 1921.
Mañana esotro día, alguna vez hallaría para el hifalto poder, entrada eternal. Mañana algún día, sería la tienda chapada con un par de pericardios, pareja de carnívoros en celo. Bien puede afincar todo eso. Pero un mañana sin mañana, entre los aros de que enviudemos, margen de espejo habrá donde traspasaré mi propio frente hasta perder el eco y quedar con el frente hacia la espalda.
Busco volver de golpe el golpe. Sus dos hojas anchas, su válvula que se abre en suculenta recepción de multiplicando a multiplicador, su condición excelente para el placer, todo avía verdad. Busco volver de golpe el golpe. A su halago, enveto bolivarianas fragosidades a treintidós cables y sus múltiples, se arrequintan pelo por pelo soberanos belfos, los dos tomos de la Obra, y no vivo entonces ausencia, ni al tacto. Fallo volver de golpe el golpe. No ensillaremos jamás el toroso Vaveo de egoísmo y de aquel ludir mortal de sábana, desque la mujer esta ¡cuánto pesa de general! Y hembra es el alma de la ausente. Y hembra es el alma mía.
Prístina y última piedra de infundada ventura, acaba de morir con alma y todo, octubre habitación y encinta. De tres meses de ausente y diez de dulce. Cómo el destino, mitrado monodáctilo, ríe. Cómo detrás desahucian juntas de contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo bajo la línea de todo avatar. Cómo escotan las ballenas a palomas. Cómo a su vez éstas dejan el pico cubicado en tercera ala. Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas. Se remolca diez meses hacia la decena, hacia otro más allá. Dos quedan por lo menos todavía en pañales. Y los tres meses de ausencia. Y los nueve de gestación. No hay ni una violencia. El paciente incorpórase, y sentado empavona tranquilas misturas.
He encontrado a una niñaen la calle, y me ha abrazado. Equis, disertada, quien la halló y la halle, no la va a recordar. Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarle el talle, mis manos han entrado en su edad como en par de mal rebocados sepulcros. Y por la misma desolación marchóse, delta al sol tenebloso, trina entre los dos. «Me he casado», me dice. Cuando lo que hicimos de niños en casa de la tía difunta. Se ha casado. Se ha casado. Tardes años latitudinales, qué verdaderas ganas nos ha dado de jugar a los toros, a las yuntas, pero todo de engaños, de candor, como fue.
Escapo de una finta, peluza a peluza. Un proyectil que no sé dónde irá a caer. Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura. Chasquido de moscón que muere a mitad de su vuelo y cae a tierra.¿Qué dice ahora Newton? Pero, naturalmente, vosotros sois hijos. Incertidumbre. Talones que no giran. Carilla en nudo, fabrida cinco espinas por un lado y cinco por el otro: Chit! Ya sale.
Pienso en tu sexo. Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, ante el hijar maduro del día. Palpo el botón de dicha, está en sazón. Y muere un sentimiento antiguo degenerado en seso. Pienso en tu sexo, surco más prolífico y armonioso que el vientre de la Sombra, aunque la Muerte concibe y pare de Dios mismo. Oh Conciencia, pienso, sí, en el bruto libre que goza donde quiere, donde puede. Oh, escándalo de miel de los crepúsculos. Oh estruendo mudo. Odumodneurtse!
Cual mi explicación. Esto me lacera de tempranía. Esa manera de caminar por los trapecios. Esos corajosos brutos como postizos. Esa goma que pega el azogue al adentro. Esas posaderas sentadas para arriba. Ese no puede ser, sido. Absurdo. Demencia. Pero he venido de Trujillo a Lima. Pero gano un sueldo de cinco soles.
En el rincón aquel, donde dormimos juntos tantas noches, ahora me he sentado a caminar. La cuja de los novios difuntos fue sacada, o talvez qué habrá pasado. Has venido temprano a otros asuntos, y ya no estás. Es el rincón donde a tu lado, leí una noche, entre tus tiernos puntos, un cuento de Daudet. Es el rincón amado. No lo equivoques. Me he puesto a recordar los días de verano idos, tu entrar y salir, poca y harta y pálida por los cuartos. En esta noche pluviosa, ya lejos de ambos dos, salto de pronto... Son dos puertas abriéndose cerrándose, dos puertas que al viento van y vienen sombra a sombra.
Tengo fe en ser fuerte. Dame, aire manco, dame irgaloneándome de ceros a la izquierda. Y tú, sueño, dame tu diamante implacable, tu tiempo de deshora. Tengo fe en ser fuerte. Por allí avanza cóncava mujer, cantidad incolora, cuya gracia se cierra donde me abro. Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote! Avístase la verde bandera presidencial, arriando las seis banderas restantes, todas las colgaduras de la vuelta. Tengo fe en qué soy, y en que he sido menos. Ea! Buen primero!
Destílase este 2 en una sola tanda, y entrambos lo apuramos. Nadie me hubo oído. Estría urenteabracadabra civil. La mañana no palpa cual la primera, cual la última piedra ovulandas a fuerza de secreto. La mañana descalza. El barro a medias entre sustancias gris, más y menos. Caras no saben de la cara, ni de la marcha a los encuentros. Y sin hacia cabecee el exergo. Yerra la punta del afán. Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombros me paro a carcajear, secando mi metro y mis bolsillos en tus 21 uñas de estación. Buena! Buena!
Oh las cuatro paredes de la celda. Ah las cuatro paredes albicantes que sin remedio dan al mismo número. Criadero de nervios, mala brecha, por sus cuatro rincones cómo arranca las diarias aherrojadas extremidades. Amorosa llavera de innumerables llaves, si estuvieras aquí, si vieras hasta qué hora son cuatro estas paredes. Contra ellas seríamos contigo, los dos, más dos que nunca. Y ni lloraras, di, libertadora! Ah las paredes de la celda. De ellas me duele entretanto, más las dos largas que tienen esta noche algo de madres que ya muertas llevan por bromurados declives, a un niño de la mano cada una. Y sólo yo me voy quedando, con la diestra, que hace por ambas manos, en alto, en busca de terciario brazo que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo, esta mayoría inválida de hombre.
A trastear, Hélpide dulce, escampas, cómo quedamos de tan quedarnos. Hoy vienes apenas me he levantado. El establo está divinamente meado y excrementido por la vaca inocente y el inocente asno y el gallo inocente. Penetra en la maría ecuménica. Oh sangabriel, haz que conciba el alma, el sin luz amor, el sin cielo, lo más piedra, lo más nada, hasta la ilusión monarca. Quemaremos todas las naves! Quemaremos la última esencia! Mas si se ha de sufrir de mito a mito, y a hablarme llegas masticando hielo, mastiquemos brasas, ya no hay donde bajar, ya no hay donde subir. Se ha puesto el gallo incierto, hombre.
Al ras de batiente nata blindada de piedra ideal. Pues apenas acerco el 1 al 1 para no caer. Ese hombre mostachoso. Sol, herrada su única rueda, quinta y perfecta, y desde ella para arriba. Bulla de botones de bragueta, libres, bulla que reprende A vertical subordinada. El desagüe jurídico. La chirota grata. Mas sufro. Allende sufro. Aquende sufro. Y he aquí se me cae la baba, soy una bella persona, cuando el hombre guillermosecundario puja y suda felicidad a chorros, al dar lustre al calzado de su pequeña de tres años. Engállase el barbado y frota un lado. La niña en tanto pónese el índice en la lengua que empieza a deletrear los enredos de enredos de los enredos, y unta el otro zapato, a escondidas, con un poquito de saliba y tierra, pero con un poquito no má- s.
En un auto arteriado de círculos viciosos torna diciembre qué cambiado, con su oro en desgracia. Quién le viera: diciembre con sus 31 pieles rotas, el pobre diablo. Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor, bocas ensortijadas de mal engreimiento, todas arrastrando recelos infinitos. Cómo no voy a recordarle al magro señor Doce. Yo le recuerdo. Y hoy diciembre torna qué cambiado, el aliento a infortunio, helado, moqueando humillación. Y a la temurosa avestruz como que la ha querido, corno que la ha adorado. Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.
Es posible me persigan hasta cuatro magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro. ¡Cuatro humanidades justas juntas! Don Juan Jacobo está en hacerio, y las burlas le tiran de su soledad, como a un tonto. Bien hecho. Farol rotoso, el día induce a darle algo, y pende a modo de asterisco que se mendiga a sí propio quizás qué enmendaturas. Ahora que chirapa tan bonito en esta paz de una sola línea, aquí me tienes, aquí me tienes, de quien yo penda, para que sacies mis esquinas. Y si, éstas colmadas, te derramases de mayor bondad, sacaré de donde no haya, forjaré de locura otros posillos, insaciables ganas de nivel y amor. Si pues siempre salimos al encuentro de cuanto entra por otro lado, ahora, chirapado eterno y todo, heme, de quien yo penda, estoy de filo todavía. Heme!
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos pura yema infantil innumerable, madre. Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente mal plañidas, madre: tus mendigos. Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muerto y yo arrastrando todavía una trenza por cada letra del abecedario. En la sala de arriba nos repartías de mañana, de tarde, de dual estiba, aquellas ricas hostias de tiempo, para que ahora nos sobrasen cáscaras de relojes en flexión de las 24 en punto parados. Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo quedaría, en qué retoño capilar, cierta migaja que hoy se me ata al cuello y no quiere pasar. Hoy que hasta tus puros huesos estarán harina que no habrá en qué amasar ¡tierna dulcera de amor, hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto! en las cerradas manos recién nacidas. Tal la tierra oirá en tu silenciar, cómo nos van cobrando todos el alquiler del mundo donde nos dejas y el valor de aquel pan inacabable. Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros pequeños entonces, como tú verías, no se lo podíamos haber arrebatado a nadie; cuando tú nos lo diste, ¿di, mamá?
Al borde de un sepulcro florecido transcurren dos marías llorando, llorando a mares. El ñandú desplumado del recuerdo alarga su postrera pluma, y con ella la mano negativa de Pedro graba en un domingo de ramos resonancias de exequias y de piedras. Del borde de un sepulcro removido se alejan dos marías cantando. Lunes.
Alfan alfiles a adherirsea las junturas, al fondo, a los testuces, al sobrelecho de los numeradores a pie. Alfiles y cadillos de lupinas parvas. Al rebufar el socaire de cada caravela deshilada sin ameracanizar, ceden las estevas en espasmo de infortunio, con pulso párvulo mal habituado a sonarse en el dorso de la muñeca. Y la más aguda tiplisonancia se tonsura y apeálase, y largamente se ennazala hacia carámbanos de lástima infinita. Soberbios lomos resoplan al portar, pendientes de mustios petrales las escarapelas con sus siete colores bajo cero, desde las islas guaneras hasta las islas guaneras. Tal los escarzos a la intemperie de pobre fe. Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeo para los planos futuros, cuando innánima grifalda relata sólo fallidas callandas cruzadas. Vienen entonces alfiles a adherirse hasta en las puertas falsas y en los borradores.
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