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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 
 

Trilce

 

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

XXVII

XXVIII

XXIX

XXX

XXXI

XXXII

XXXIII

XXXIV

XXXV

XXXVI

XXXVII

XXXVIII

XXXIX

XL

XLI

XLII

XLIII

XLIV

XLV

XLVI

XLVII

XLVIII

XLIX

L

LI

LII

LIII

LIV

LV

LVI

LVII

LVIII

LIX

LX

LXI

LXII

LXIII

LXIV

LXV

LXVI

LXVII

LXVIII

LXIX

LXX

LXXI

LXXII

LXXIII

LXXIV

LXXV

LXXVI

LXXII

TRILCE


I

 

 

Quién hace tanta bulla y ni deja

Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración

en cuanto será tarde, temprano,

y se aquilatará mejor

el guano, la simple calabrina tesórea

que brinda sin querer,

en el insular corazón,

salobre alcatraz, a cada hialóidea

grupada.

Un poco más de consideración,

y el mantillo líquido, seis de la tarde

DE LOS MAS SOBERBIOS BEMOLES.

Y la península párase

por la espalda, abozaleada, impertérrita

en la línea mortal del equilibrio.

 

II

 

 

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.

Bomba aburrida del cuartel achica

tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.

Boca del claro día que conjuga

era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.

Piensa el presente guárdame para

mañana mañana mañana mañana

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?

Se llama Lomismo que padece

nombre nombre nombre nombre.

 

 

III

 

 

Las personas mayores

¿a qué hora volverán?

Da las seis el ciego Santiago,

y ya está muy oscuro.

Madre dijo que no demoraría.

Aguedita, Nativa, Miguel,

cuidado con ir por ahí, por donde

acaban de pasar gangueando sus memorias

dobladoras penas,

hacia el silencioso corral, y por donde

las gallinas que se están acostando todavía,

se han espantado tanto.

Mejor estemos aquí no más.

Madre dijo que no demoraría.

Ya no tengamos pena. Vamos viendo

los barcos ¡el mío es más bonito de todos!

con los cuales jugamos todo el santo día,

sin pelearnos, como debe de ser:

han quedado en el pozo de agua, listos,

fletados de dulces para mañana.

Aguardemos así, obedientes y sin más

remedio, la vuelta, el desagravio

de los mayores siempre delanteros

dejándonos en casa a los pequeños,

como si también nosotros

                   no pudiésemos partir.

Aguedita, Nativa, Miguel?

Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.

No me vayan a haber dejado solo,

y el único recluso sea yo.

 

IV

 

 

Rechinan dos carretas contra los martillos

hasta los lagrimales trifurcas,cuandonunca las hicimos nada.A aquella otra sí, desamada,

amargurada bajo túnel campero

por lo uno, y sobre duras ájidas

pruebas espiritivas.

Tendime en són de tercera parte,

mas la tarde -qué la bamos a hhazer

se anilla en mi cabeza, furiosamente

a no querer dosificarse en madre. Son

los anillos.

Son los nupciales trópicos ya tascados.

El alejarse, mejor que todo,

rompe a Crisol.

Aquel no haber descolorado

por nada. Lado al lado al destino y llora

y llora. Toda la canción

cuadrada en tres silencios.

Calor. Ovario. Casi transparencia.

Háse llorado todo. Háse entero velado

en plena izquierda.

 

V

 

 

Grupo dicotiledón.

Oberturandesde él petreles,

propensiones de trinidad,

finales que comienzan,

ohs de ayescreyérase avaloriados de heterogeneidad.

¡Grupo de los dos cotiledones!

A ver. Aquello sea sin ser más.

A ver. No trascienda hacia afuera,

y piense en són de no ser escuchado,

y crome y no sea visto.

Y no glise en el gran colapso.

La creada voz rebélase y no quiere

ser malla, ni amor.

Los novios sean novios en eternidad.

Pues no deis 1, que resonará al infinito.

Y no deis 0, que callará tánto,

hasta despertar y poner de pie al 1.

Ah grupo bicardiaco.

VI

 

 

El traje que vestí mañana

no lo ha lavado mi lavandera:

lo lavaba en sus venas otilinas,

en el chorro de su corazón, y hoy no he

de preguntarme si yo dejaba

el traje turbio de injusticia.

A hora que no hay quien vaya a las aguas,

en mis falsillas encañona

el lienzo para emplumar, y todas las cosas

del velador de tánto qué será de mí,

todas no están mías

a mi lado.

Quedaron de su propiedad,

fratesadas, selladas con su trigueña bondad.

Y si supiera si ha de volver;

y si supiera qué mañana entrará

a entregarme las ropas lavadas, mi aquella

lavandera del alma. Que mañana entrará

satisfecha, capulí de obrería, dichosa

de probar que sí sabe, que sí puede

¡CÓMO NO VA A PODER!

azular y planchar todos los caos.

 

VII

 

 

Rumbé sin novedad por la veteada calleque yo me sé.

Todo sin novedad, de veras. Y fondeé hacia cosas así,

y fui pasado.

Doblé la calle por la que raras

veces se pasa con bien, salida

heroica por la herida de aquella

esquina viva, nada a medias.

Son los grandores,

el grito aquel, la claridad de careo,

la barreta sumersa en su función de

                                ¡ya!

Cuando la calle está ojerosa de puertas,

y pregona desde descalzos atriles

trasmañanar las salvas en los dobles.

Ahora hormigas minuteras

se adentran dulzoradas, dormitadas, apenas

dispuestas, y se baldan,

quemadas pólvoras, altos de a 1921.

 

VIII

 

 

Mañana esotro día, alguna

vez hallaría para el hifalto poder,

entrada eternal.

Mañana algún día,

sería la tienda chapada

con un par de pericardios, pareja

de carnívoros en celo.

Bien puede afincar todo eso.

Pero un mañana sin mañana,

entre los aros de que enviudemos,

margen de espejo habrá

donde traspasaré mi propio frente

hasta perder el eco

y quedar con el frente hacia la espalda.

 

IX

 

 

Busco volver de golpe el golpe.

Sus dos hojas anchas, su válvula

que se abre en suculenta recepción

de multiplicando a multiplicador,

su condición excelente para el placer,

todo avía verdad.

Busco volver de golpe el golpe.

A su halago, enveto bolivarianas fragosidades

a treintidós cables y sus múltiples,

se arrequintan pelo por pelo

soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,

y no vivo entonces ausencia,

ni al tacto.

Fallo volver de golpe el golpe.

No ensillaremos jamás el toroso Vaveo

de egoísmo y de aquel ludir mortal

de sábana,

desque la mujer esta

¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente.

Y hembra es el alma mía.

 

 

X

 

 

Prístina y última piedra de infundada

ventura, acaba de morir

con alma y todo, octubre habitación y encinta.

De tres meses de ausente y diez de dulce.

Cómo el destino,

mitrado monodáctilo, ríe.

Cómo detrás desahucian juntas

de contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo

bajo la línea de todo avatar.

Cómo escotan las ballenas a palomas.

Cómo a su vez éstas dejan el pico

cubicado en tercera ala.

Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas.

Se remolca diez meses hacia la decena,

hacia otro más allá.

Dos quedan por lo menos todavía en pañales.

Y los tres meses de ausencia.

Y los nueve de gestación.

No hay ni una violencia.

El paciente incorpórase,

y sentado empavona tranquilas misturas.

 

 

XI

 

 

He encontrado a una niñaen la calle, y me ha abrazado.

Equis, disertada, quien la halló y la halle,

no la va a recordar.

Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarle

el talle, mis manos han entrado en su edad

como en par de mal rebocados sepulcros.

Y por la misma desolación marchóse,

               delta al sol tenebloso,

               trina entre los dos.

               «Me he casado»,

me dice. Cuando lo que hicimos de niños

en casa de la tía difunta.

               Se ha casado.

               Se ha casado.

Tardes años latitudinales,

qué verdaderas ganas nos ha dado

de jugar a los toros, a las yuntas,

pero todo de engaños, de candor, como fue.

XII

 

 

Escapo de una finta, peluza a peluza.

Un proyectil que no sé dónde irá a caer.

Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura.

Chasquido de moscón que muere a mitad de su vuelo y cae a tierra.¿Qué dice ahora Newton?

Pero, naturalmente, vosotros sois hijos.

Incertidumbre. Talones que no giran.

Carilla en nudo, fabrida

cinco espinas por un lado

y cinco por el otro: Chit! Ya sale.

 

XIII

 

 

Pienso en tu sexo.

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,

ante el hijar maduro del día.

Palpo el botón de dicha, está en sazón.

Y muere un sentimiento antiguo

degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico

y armonioso que el vientre de la Sombra,

aunque la Muerte concibe y pare

de Dios mismo.

Oh Conciencia,

pienso, sí, en el bruto libre

que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.

Oh estruendo mudo.

Odumodneurtse!

 

XIV

 

 

Cual mi explicación.

Esto me lacera de tempranía.

Esa manera de caminar por los trapecios.

Esos corajosos brutos como postizos.

Esa goma que pega el azogue al adentro.

Esas posaderas sentadas para arriba.

Ese no puede ser, sido.

Absurdo.

Demencia.

Pero he venido de Trujillo a Lima.

Pero gano un sueldo de cinco soles.

 

XV

 

 

En el rincón aquel, donde dormimos juntos

tantas noches, ahora me he sentado

a caminar. La cuja de los novios difuntos

fue sacada, o talvez qué habrá pasado.

Has venido temprano a otros asuntos,

y ya no estás. Es el rincón

donde a tu lado, leí una noche,

entre tus tiernos puntos,

un cuento de Daudet. Es el rincón

amado. No lo equivoques.

Me he puesto a recordar los días

de verano idos, tu entrar y salir,

poca y harta y pálida por los cuartos.

En esta noche pluviosa,

ya lejos de ambos dos, salto de pronto...

Son dos puertas abriéndose cerrándose,

dos puertas que al viento van y vienen

sombra a sombra.

 

XVI

 

 

Tengo fe en ser fuerte.

Dame, aire manco,

dame irgaloneándome de ceros a la izquierda.

Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,

tu tiempo de deshora.

Tengo fe en ser fuerte.

Por allí avanza cóncava mujer,

cantidad incolora, cuya

gracia se cierra donde me abro.

Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!

Avístase la verde bandera presidencial,

arriando las seis banderas restantes,

todas las colgaduras de la vuelta.

Tengo fe en qué soy,

y en que he sido menos.

Ea! Buen primero!

 

XVII

 

 

Destílase este 2 en una sola tanda,

y entrambos lo apuramos.

Nadie me hubo oído. Estría urenteabracadabra civil.

La mañana no palpa cual la primera,

cual la última piedra ovulandas

a fuerza de secreto. La mañana descalza.

El barro a medias

entre sustancias gris, más y menos.

Caras no saben de la cara, ni de la

marcha a los encuentros.

Y sin hacia cabecee el exergo.

Yerra la punta del afán.

Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombros

me paro a carcajear, secando

mi metro y mis bolsillos

en tus 21 uñas de estación.

Buena! Buena!

 

XVIII

 

 

Oh las cuatro paredes de la celda.

Ah las cuatro paredes albicantes

que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,

por sus cuatro rincones cómo arranca

las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,

si estuvieras aquí, si vieras hasta

qué hora son cuatro estas paredes.

Contra ellas seríamos contigo, los dos,

más dos que nunca. Y ni lloraras,

di, libertadora!

Ah las paredes de la celda.

De ellas me duele entretanto, más

las dos largas que tienen esta noche

algo de madres que ya muertas

llevan por bromurados declives,

a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,

con la diestra, que hace por ambas manos,

en alto, en busca de terciario brazo

que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,

esta mayoría inválida de hombre.

 

XIX

 

 

A trastear, Hélpide dulce, escampas,

cómo quedamos de tan quedarnos.

Hoy vienes apenas me he levantado.

El establo está divinamente meado

y excrementido por la vaca inocente

y el inocente asno y el gallo inocente.

Penetra en la maría ecuménica.

Oh sangabriel, haz que conciba el alma,

el sin luz amor, el sin cielo,

lo más piedra, lo más nada,

hasta la ilusión monarca.

Quemaremos todas las naves!

Quemaremos la última esencia!

Mas si se ha de sufrir de mito a mito,

y a hablarme llegas masticando hielo,

mastiquemos brasas,

ya no hay donde bajar,

ya no hay donde subir.

Se ha puesto el gallo incierto, hombre.

 

XX

 

 

Al ras de batiente nata blindada

de piedra ideal. Pues apenas

acerco el 1 al 1 para no caer.

Ese hombre mostachoso. Sol,

herrada su única rueda, quinta y perfecta,

y desde ella para arriba.

Bulla de botones de bragueta,

libres,

bulla que reprende A vertical subordinada.

El desagüe jurídico. La chirota grata.

Mas sufro. Allende sufro. Aquende sufro.

Y he aquí se me cae la baba, soy

una bella persona, cuando

el hombre guillermosecundario

puja y suda felicidad

a chorros, al dar lustre al calzado

de su pequeña de tres años.

Engállase el barbado y frota un lado.

La niña en tanto pónese el índice

en la lengua que empieza a deletrear

los enredos de enredos de los enredos,

y unta el otro zapato, a escondidas,

con un poquito de saliba y tierra,

pero con un poquito

                   no má-

                   s.

 

XXI

 

 

En un auto arteriado de círculos viciosos

torna diciembre qué cambiado,

con su oro en desgracia. Quién le viera:

diciembre con sus 31 pieles rotas,

el pobre diablo.

Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,

bocas ensortijadas de mal engreimiento,

todas arrastrando recelos infinitos.

Cómo no voy a recordarle

al magro señor Doce.

Yo le recuerdo. Y hoy diciembre torna

qué cambiado, el aliento a infortunio,

helado, moqueando humillación.

Y a la temurosa avestruz

como que la ha querido, corno que la ha adorado.

Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.

 

XXII

 

 

Es posible me persigan hasta cuatro

magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro.

¡Cuatro humanidades justas juntas!

Don Juan Jacobo está en hacerio,

y las burlas le tiran de su soledad,

como a un tonto. Bien hecho.

Farol rotoso, el día induce a darle algo,

y pende

a modo de asterisco que se mendiga

a sí propio quizás qué enmendaturas.

Ahora que chirapa tan bonito

en esta paz de una sola línea,

aquí me tienes,

aquí me tienes, de quien yo penda,

para que sacies mis esquinas.

Y si, éstas colmadas,

te derramases de mayor bondad,

sacaré de donde no haya,

forjaré de locura otros posillos,

insaciables ganas

de nivel y amor.

Si pues siempre salimos al encuentro

de cuanto entra por otro lado,

ahora, chirapado eterno y todo,

heme, de quien yo penda,

estoy de filo todavía. Heme!

 

XXIII

 

 

Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos

pura yema infantil innumerable, madre.

Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente

mal plañidas, madre: tus mendigos.

Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muerto

y yo arrastrando todavía

una trenza por cada letra del abecedario.

En la sala de arriba nos repartías

de mañana, de tarde, de dual estiba,

aquellas ricas hostias de tiempo, para

que ahora nos sobrasen

cáscaras de relojes en flexión de las 24

en punto parados.

Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo

quedaría, en qué retoño capilar,

cierta migaja que hoy se me ata al cuello

y no quiere pasar. Hoy que hasta

tus puros huesos estarán harina

que no habrá en qué amasar

¡tierna dulcera de amor,

hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar

cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo

que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!

en las cerradas manos recién nacidas.

Tal la tierra oirá en tu silenciar,

cómo nos van cobrando todos

el alquiler del mundo donde nos dejas

y el valor de aquel pan inacabable.

Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros

pequeños entonces, como tú verías,

no se lo podíamos haber arrebatado

a nadie; cuando tú nos lo diste,

¿di, mamá?

 

XXIV

 

 

Al borde de un sepulcro florecido

transcurren dos marías llorando,

llorando a mares.

El ñandú desplumado del recuerdo

alarga su postrera pluma,

y con ella la mano negativa de Pedro

graba en un domingo de ramos

resonancias de exequias y de piedras.

Del borde de un sepulcro removido

se alejan dos marías cantando.

Lunes.

XXV

 

 

Alfan alfiles a adherirsea las junturas, al fondo, a los testuces,

al sobrelecho de los numeradores a pie.

Alfiles y cadillos de lupinas parvas.

Al rebufar el socaire de cada caravela

deshilada sin ameracanizar,

ceden las estevas en espasmo de infortunio,

con pulso párvulo mal habituado

a sonarse en el dorso de la muñeca.

Y la más aguda tiplisonancia

se tonsura y apeálase, y largamente

se ennazala hacia carámbanos

de lástima infinita.

Soberbios lomos resoplan

al portar, pendientes de mustios petrales

las escarapelas con sus siete colores

bajo cero, desde las islas guaneras

hasta las islas guaneras.

Tal los escarzos a la intemperie de pobre

fe.

Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeo

para los planos futuros,

cuando innánima grifalda relata sólo

fallidas callandas cruzadas.

Vienen entonces alfiles a adherirse

hasta en las puertas falsas y en los borradores.

 

XXVI